«No vamos a dejar a ningún paciente sin atender, pero con los medios que tenemos no garantizamos que podamos alargar esta situación». Quien está al otro lado del teléfono es Toni Flichy, un dentista de Valencia preocupado por el momento que atraviesa su sector. Sus palabras son el grito de auxilio de miles de trabajadores que estos días se ven obligados a cubrir las urgencias bucodentales sin las suficientes garantías de protección, tal y como está ocurriendo también en algunos centros hospitalarios. En muchos casos, incluso, la situación es tal que las clínicas se están acercando poco a poco al abismo de la desaparición. Lo único que piden es la ayuda de un Gobierno que hasta ahora no les ha escuchado.

Lo que denuncia Flichy no es una cuestión baladí. Un estudio publicado recientemente en el «New York Times» les destacaba como los más expuestos en la pandemia del Covid-19, con una puntuación de 95 sobre 100. La explicación se encuentra en el hecho de que trabajen tan cerca de la boca de sus pacientes y en las características propias de este coronavirus: «Utilizamos una turbina de agua y las partículas de este virus se contagian a través de las gotitas, de ahí el riesgo. Además este virus es excepcional, por eso estamos confinados en nuestras casas», explica a ABC.

Del mismo modo que ocurrió con las peluquerías durante unas horas, antes de que la presión obligara a Pedro Sánchez a rectificar y les permitiera cerrar, los dentistas denuncian su situación actual. Ellos no piden cerrar, solo que se regule su sector: «Tenemos que atender las urgencias para aligerar la carga de los hospitales, pero no tiene sentido que tengamos que abrir todos. Muchas clínicas no van a sobrevivir», lamenta. Hablamos de un gremio que cuenta con 40.000 dentistas, siendo 22.000 las clínicas en toda España que dan empleo de manera directa o indirecta a 200.000 personas.

Un futuro incierto

Lo que han hecho algunas policlínicas durante el estado de alarma, aquellas que han podido, es cerrar todos sus centros menos uno, el cual se ocupa de las urgencias. Las clínicas más pequeñas, en cambio, no tienen esta opción y se ven abocadas a seguir operando, sin apenas pacientes y sin la posibilidad de llevar a cabo un ERTE. «Lo único que pedimos es que se nos escuche. Que se pueda hacer un ERTE para que la gente cobre el paro, luego vuelva a ser contratada y la clínica no tenga que cerrar y despedir a sus trabajadores».

A este problema hay que añadirle uno más grave si cabe: la escasez de material de protección: «Si falta en los hospitales, imagínate aquí… Apenas tenemos mascarillas fpp2, EPIs y líquido desinfectante», explica Flichy. Así pues, cada jornada en la clínica se ha convertido en una odisea. «Entre paciente y paciente estamos tres horas desinfectando. Las clínicas dentales son centros inmejorables en este sentido, pero se ha demostrado que este virus dista mucho de lo habital».

Flichy subraya además que, para más inri, los casos de urgencias son en muchas ocasiones personas mayores, aquellas que precisamente son más vulnerables al Covid-19. «Trabajamos en equipo y el riesgo de contagio es inevitable, ya sea entre nosotros o con un paciente. Estamos en el foco del coronavirus y podemos transmitirlo, esa es la realidad dado que no podemos adquirir los medios necesarios».

Italia ya cerró sus clínicas

La solución de algunos dentistas, y la que esperan que termine adoptando el Gobierno, es permitir el cierre de las clínicas, dejando solo algunos centros para atender las urgencias y centralizar a su vez este servicio. Habría más material para atender a los pacientes y muchas empresas podrían llevar a cabo un ERTE que les permitiera retomar su actividad cuando todo esto acabe.

Y es que al contrario que otros países, España se mantiene ajena a las medidas relativas a este sector. En Dinamarca, por ejemplo, se han cerrado las consultas durante tres meses. Una medida que también se ha adoptado en Italia; «aunque tarde», aclara Flichy. «En China es de lo primero que se prohibió», añade después.

Por ello, después de que el Consejo de Dentistas haya mandado «un montón de cartas pidiendo una solución al Gobierno» y no haya obtenido respuesta -o esta aún no haya llegado-, lo que les queda ahora es hacerse oír: «Estamos intentado llevar a cabo una presión mediática para que nos escuchen». El objetivo parece que lo han conseguido, pues los vídeos de dentistas explicando esto que les hemos contado ya circulan por las redes sociales. Ahora solo queda que sus demandas lleguen al Gobierno y este actúe.